SALAMANCA, GTO.- Las calles del barrio de Natívitas se llenan hoy de fervor, color y devoción. Como cada 8 de septiembre, la comunidad se viste de gala para celebrar su tradicional fiesta patronal, una de las festividades religiosas más antiguas y arraigadas de la región de Salamanca.
Raíces que Trascienden el Tiempo
La celebración de este día no es solo una muestra de fe contemporánea, sino la conmemoración de una historia que se remonta al siglo XVII. Si bien durante años ha existido el debate popular sobre si fue primero San Juan de la Presa o Natívitas, los registros históricos compartidos por el cronista de la ciudad, Jaime Martínez Razo, aclaran que mientras San Juan nació como barrio en 1607, Natívitas se estableció oficialmente como pueblo y república indígena de origen otomí el 14 de octubre de 1655.
En aquel documento fundacional, firmado por Juan de la Cruz —el primer alcalde de la comunidad—, se estableció la consagración del pueblo a la Virgen de la Natividad. Asimismo, la memoria histórica recuerda que la parroquia se edificó sobre un terreno que antiguamente era conocido como “El Calvario”.
Una Imagen Venida de España
El epicentro de la devoción de este día es la venerada imagen de la Virgen de la Natividad, una pieza sacra traída directamente desde España que data de la década de 1660. Junto con la festividad de San Pedro —fundado como rancho en 1607 al igual que San Roque—, la de Natívitas se mantiene como una de las celebraciones más antiguas y respetadas por los habitantes.
Sonidos de Antaño en el Día Grande
Hoy, la atmósfera festiva también nos remonta a los sonidos de antaño. Como recuerda el cronista Jaime Martínez Razo, las celebraciones primitivas de esta festividad se acompañaban con el peculiar y solemne compás de las chirimías —flautas tradicionales— y los tambores dedicados exclusivamente a la Virgen.
Además, la fecha guarda una hermosa simetría litúrgica: celebrar el 8 de septiembre ocurre exactamente nueve meses después del 8 de diciembre (Día de la Inmaculada Concepción), entrelazando el ciclo de la devoción mariana que hoy inunda de identidad y orgullo a todo Salamanca.

