Salamanca. Gto.- Con el brillo del siglo XVIII vuelve a encenderse en el corazón de Salamanca. Entre el aroma a incienso, la solemnidad de los muros virreinales y la devoción que ha cruzado generaciones, el emblemático Templo de San Agustín conocido cariñosamente como la Casa de Oro vivió una jornada histórica al entregarse oficialmente los trabajos de restauración de sus majestuosos retablos dedicados a Santa Ana y San José.
Una joya del ultrabarroco novohispano
Considerado una de las cumbres del arte barroco en el Bajío, este recinto guarda un tesoro incalculable compuesto por once retablos dorados. Su historia se remonta a 1768, cuando el genio creador del artista Pedro José de Rojas y del entallador y pintor Antonio de Elejalde, el Joven, comenzaron a dar vida a estas filigranas de madera y oro. Tras años de minucioso esfuerzo, el conjunto fue consagrado y entregado formalmente el 28 de agosto de 1782, coincidiendo con la festividad de San Agustín, obispo de Hipona.
Hoy, más de dos siglos después, dos de esas imponentes estructuras volvieron a respirar gracias al talento de especialistas y a una suma de voluntades que demuestra que el pasado de Salamanca sigue muy vivo.
Cirugía estética al arte: Pasión y paciencia en las alturas
La intervención de los retablos de Santa Ana y San José no fue tarea sencilla. La restauradora de bienes muebles Cynthia de la Paz Apodaca explicó que la complejidad de su diseño ultrabarroco repleto de detalles ornamentales y recovecos imposibles representó un verdadero reto técnico.
Con una metodología rigurosa, de arriba hacia abajo, los especialistas realizaron una limpieza superficial especializada, revisaron a fondo esculturas y pinturas, y elaboraron un registro milimétrico de deterioros. El diagnóstico arroja luz sobre los estragos del tiempo y de intervenciones pasadas, advirtiendo que, aunque este es un paso gigante, las estructuras todavía arrastran retos de orden estructural que exigirán continuidad y recursos permanentes.
Cuando la sociedad y el gobierno hacen equipo
La entrega de las obras congregó a figuras clave de la vida pública, religiosa y cultural, entre ellas la secretaria de Cultura del Estado, Lizeth Galván Cortés; el padre prior del Convento de San Agustín, Fray Guillermo Vázquez Jiménez; y Jorge Videgaray Verdad, presidente de Guanajuato Patrimonio de la Humanidad A.C.
Durante el acto se puso sobre la mesa una cifra clave: el Gobierno del Estado destinó 9.6 millones de pesos a un programa integral de restauración impulsado de la mano con la sociedad civil. De hecho, el entusiasmo por rescatar la Casa de Oro ha contagiado a los propios salmantinos, motivando a grupos ciudadanos a sumar recursos propios para ir por cuatro piezas más.
“Preservar el patrimonio histórico no es solo limpiar superficies; implica investigación profunda, conocimiento absoluto de los materiales y decisiones sumamente cuidadosas para respetar la esencia original,” destacó la titular de Cultura estatal.
Entre música sacra, memorias de piedra y oro, y el compromiso latente de las autoridades y la comunidad agustina, el Templo de San Agustín reafirma su lugar como el guardian indiscutible de la identidad salmantina, asegurando que las próximas generaciones sigan encontrando en sus altares un destello eterno de historia y fe.

